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Doce meses en continuo movimiento, volcado en mi tarea existencial, buscando lo que nutre mi alma sin importarme quién y qué opina, localizando temas, desarrollando mi discurso y mi obra. Tiempo para articular principios y enlucir una filosofía de vida cruda, sencilla y nítida que defiendo como merece y sin concesión alguna.

¿A quién le importa? A mí. Nadie que no comparta mi idea lo va a entender, me da igual. No busco imitadores ni acompañantes, hago las cosas en soledad y, en consecuencia, las disfruto solo y sólo se las cuento a quien quiere escucharlas. No escucho más que a quien demuestra un sentido crítico de la existencia. Sólo quiero a mi alrededor gente excepcional, lo común me repele y soy sordo ante sus palabras, gestos y seducción.

Contento con esta parte del viaje, vale, pero no tengo tiempo que perder, prefiero dedicárselo a lo siguiente que venga, a nuevas rutas, a otras estepas en las que encontrar tesoros. La autocomplacencia es engañosa, así que no he hecho nada aún, todo empieza a diario en una espiral perversa que me absorbe hacia el centro para explotar en silencio y después expandirse.

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Publicado en Notas

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