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Epílogo para un diario

(Artículo publicado el 24 de agosto de 2019 en www.hechosdehoy.com por Juan Carlos y Fco. Javier Melero Blanco).

Me motivan los «no podrás», que critiquen mis anhelos y que crean que son razones, me motiva ser el único, la implicación personal, el compromiso, el miedo y la diferencia, lo incómodo, el largo plazo que ejercita la paciencia y el tesón, y lo aparentemente inútil que me construye.

Me motivo si me cambia y modifica mi forma de entender. Eso me ha mantenido en la carretera durante once años.

Esta vez, la duodécima, me motivó ser enfermo crónico y viajar a solas con una enfermedad y el riesgo de tener que abandonar.

Me motivó el dolor y aprender a olvidarlo haciéndome el sueco; me motivó que fuese complicado mantener ciertas rutinas viviendo al raso otros cuatro meses más.

Me motivó fijarme metas ilógicas, y salirme del tema para escribir excursos, y dedicárselos a un viejo amigo porque sí. Y encontrarme a mí mismo esperando en cada cruce, en cada playa, cada día y cada noche, y saludarme con la mano.

Me motivó mi propio desánimo, querer abandonar en cada jornada, cenar caliente y después olvidarme; que me traicionasen después de haberme engatusado, que me hicieran un regalo y que al abrirlo no hubiese nada, una caja vacía.

Me motivó repasar mi vida en cada playa con mis padres y pensarlos empujando mi bicicleta cuando mi fuerza se había desvanecido; acordarme, gracias al dolor que me produjo, de alguien a quien amé y de mí pocos años atrás, pasar dos días en el lugar que todo el mundo habría querido evitar y tomar conciencia de que es solo como debo estar todavía, aunque me duela en lo más profundo.

Me ha motivado saberme insignificante entre el tráfico y vulnerable sobre el asfalto, sentirme extranjero en mi propia tierra y tener que empezar una relación desde cero casi cada día, silbar «don’t worry, be happy» mientras consumo los primeros kilómetros de cada etapa gracias a Deni, la despedida inexorable de Stefani y el reencuentro inesperado con Santi; una sonrisa, un vaso de agua y alguien que quiere hacerse una foto conmigo, una charla con un viejo hippie de nombre Derrick…

Estas motivaciones no son retos, que nadie lo entienda como tal, son solamente circunstancias de la vida, momentos que kilómetro a kilómetro he logrado colocar y conectar entre sí. Después, cuando doy un par de pasos atrás, entorno los ojos y analizo la escena, me siento satisfecho porque, al fin, estoy consiguiendo construir un orden a partir del caos.

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Publicado en Notas

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