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Ibérica 2018

4.200 km pedaleando por España y Portugal

El viaje, para mí, es un juego de rol trágico en el que participo de forma activa, un Juego de la Oca que me coloca en la primera casilla ofreciéndome la puerta abierta al sentido de la vida y al auténtico espíritu humano.

Viajar es vivir sin significar en los lugares y para sus personas, sin responsabilidades ni obligaciones; estar siempre de paso decidiendo quién quiero ser y lograr que el tiempo corra al ritmo que me permita entenderlo.

Yo viajo para sentirme vivo. Cada gota de sudor, cada inhalación, cada olor y cada dolor, cada rozadura, el cansancio, la satisfacción y también la decepción; cada persona que he conocido, los que recuerdo y los que no, y cada lugar donde her dormido, cada salida, cada llegada y cada conversación que he mantenido me hacen sentir la vida y mi paso por ella.

Motivación

Una intención social. Desde que ideé este viaje quise implicarme de forma directa y personal con los problemas de quienes sufren, quise ser otro altavoz más que le contase a todos los demás que ellos existen y que necesitan que su enfermedad deje de ser considerada como algo raro, que es necesaria investigación, formación y tratamientos para combatirla.

Como reza el lema del viaje, “70 familias, 70 razones”, quise dedicar mis esfuerzos a setenta familias que padecen el Síndrome de Smith-Magenis, “un conjunto de síntomas o características físicas y de conducta que consisten en un cuadro que cursa con retraso mental de gravedad variable junto con una serie de anomalías congénitas que configuran en conjunto un patrón característico que pone de manifiesto la existencia de un fenotipo conductual”.

El 2 de diciembre de 2017 me presenté a todas las familias que acudieron al Centro CREER, en Burgos, para que conociesen la existencia del proyecto y ofrecerles mi colaboración.

Durante los tres meses que duró el viaje publiqué en las redes sociales en las que tenía presencia el proyecto una serie de videos dedicados a cada una de las familias que así me lo solicitaron y visité a otras en su domicilio para compartir un día con ellos, lo que me permitió conocer su realidad en primera persona.

Mi proyecto artístico personal. Siempre viajo tomando notas y fotografías, documentando mis pasos y describiendo mi versión personal de cada territorio que recorro y habito. La idea era buscar el contacto con la gente, lugares y hábitos para contar un historia que había comenzado a relatar diez años antes.

Viajé como siempre, con un cuaderno y mi cámara, con ideas por realizar madurando en la cabeza pero siempre abierto a cualquier alternativa que el día a día de la carretera me pudiera ofrecer.

Una experiencia personal. Siempre me había preguntado si sería posible esa unión territorial y política entre España y Portugal que desde muchos foros se ha planteado, la idea quizá romántica de Iberia que a mí, personalmente, me gusta. Poder convivir con la gente de uno y otro país me permitió conocer algo de la idiosincrasia de ambos pueblos, y me abrió la puerta a analizar lo que nos une a los españoles con los portugueses, pero también lo que nos separa.

La ruta

El diseño de este viaje pretendía enlazar dos caminos de Santiago, uno de los cuales recorrería en ambos sentidos, y una ruta emblemática, la EN-2 portuguesa, que cruza Portugal de norte a sur.

El inicio coincidió con el de la primavera, el día 21 de marzo de 2018, en Jaca (Huesca), desde donde me desplacé hasta Puente La Reina (Navarra) para enlazar con el Camino Francés hasta el mítico Cebreiro (Lugo). Después de haber pasado por Logroño, Burgos y León, enlacé el Camino Francés con el punto de inicio oficial de la EN-2, en Chaves, a través de Orense para pedalear por la carretera nacional portuguesa hasta el límite sur del país, Faro, en la región del Algarve.

Un tramo de enlace me llevó desde Vila Real de Santo António, donde crucé el Guadiana en un pequeño ferry, hasta Ayamonte. Después, Huelva y Sevilla, extremo sur de la Vía de la Plata y punto de partida del tercer sector del viaje.

A lo largo de la Vía de la Plata pasé por Mérida, Cáceres, Salamanca y Zamora para llegar a Astorga (León), lugar emblemático en el que la Vía de la Plata se cruza con el Camino Francés. Desde ahí improvisé una visita a Santiago de Compostela y emprendí la ruta de regreso por el mismo Camino Francés, aunque en el sentido contrario al que tomé al inicio. Al llegar a Estella decidí abandonar el Camino y terminar la ruta cruzando las Bardenas Reales (Navarra) desde Tudela y la parte oeste de los Monegros para llegar pedaleando hasta Huesca.

Durante varios meses he compartido espacio con desconocidos a los que siempre he considerado compañeros de viaje por horas o por una noche, cenas, desayunos, experiencias viajeras y de vida, conversaciones en las que a veces no he podido participar más que como escuchante y alguna que otra despedida emotiva.

El día 21 de junio de 2018, después de 3 meses y 4.200 kilómetros, aparcaba por fin en la puerta de mi casa. El viaje había terminado, pero no mis pasos. ¡Ultreia et suseia!

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Jaca → Cebreiro → Orense → Chaves → Faro → Huelva → Sevilla → Astorga → Santiago → Huesca

Galerías de foto

Mi bicicleta

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KR#38 en Belorado (Burgos)

LA MEJOR FORMA DE CONOCER UN LUGAR ES MOVIÉNDOSE A RAS DE SUELO, LENTAMENTE, EXPRIMIENDO LA RELACIÓN CON EL ENTORNO Y LAS PERSONAS.

Habitualmente he viajado a pie, y esta vez iba a ser igual. Pero surgió la posibilidad de hacerlo en una bicicleta muy especial y no pude resistirme.

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Fue un flechazo inevitable, desde el primer momento me enamoré de su irresistible caracter, de sus detalles y de la elegancia nostálgica de sus curvas. Enseguida me imaginé sobre ella, pedaleando con todo lo mio.

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ASÍ ES ELLA, MI OLDSTER T1, LA BICICLETA A LA QUE HE BAUTIZADO CON EL NOMBRE DE “KILLER RACHEL” EN HONOR A LA NIÑA QUE INSPIRÓ ESTE VIAJE.

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Dossier de prensa

El viaje en redes sociales

 

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