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3 de mayo de 2017

“Hay que huir de la forma”, tal cual, es uno de los mantras más absurdos que he escuchado nunca. Hay que huir de la mentira, ser honestos con nosotros mismos, artistas, y expresar lo que sale de nuestro intelecto. Sólo así sabemos qué es lo que estamos haciendo. Es ésa la verdadera originalidad, nuestra originalidad, no la que dictan las páginas de los libros y las frases de los otros artistas.

Hay que huir de la esclavitud de los mantras, de las frases categóricas que nos alejan de la verdadera libertad, que es nuestra coartada, nuestra herramienta, el mar en el que navegamos. Hay que dominar cada parte del proceso expresivo, doblegarlo para que no suponga una cadena ni lo entorpezca, para que todo fluya con una velocidad natural. Dominar cada parte de mi proceso me ha llevado muchos años de entrenamiento diario. Eso me anima muchísimo.

Cuanto más leo sobre creatividad, más incómoda me resulta la palabra que, cada día que pasa, más relaciono con los procesos industriales, con la ingeniosa ingeniería que trata de ahorrar esfuerzos, materiales y presupuestos para conseguir el máximo rendimiento. El arte es otra cosa muy diferente al ahorro y a la rentabilidad, es un derroche continuo.

Cuanto más armado está el discurso de mi trabajo, el de mi persona, más se aleja mi interés de toda doctrina. Estoy cansado de doctrinas y de maestros.

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Publicado en mayo 2017

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