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Epílogo para un diario

Me motivan los “no podrás”, que critiquen mis anhelos y que se crean con razón, ser el único, la implicación personal, el compromiso, el miedo y la diferencia, lo incómodo y el largo plazo que ejercita la paciencia y el tesón; me motiva que piensen que lo que hago es inútil si veo que me construye.

Me motivo si me cambia y modifica mi forma de entender. Eso me ha mantenido en la carretera durante once años y, la duodécima, el ser enfermo crónico, viajar con una enfermedad como compañera y el riesgo de tener que abandonar. Me ha motivado el dolor, el aprender a olvidarlo haciéndome el sueco y la complicación de mantener ciertas rutinas viviendo al raso otros cuatro meses más.

Me motivan las metas ilógicas, salirme del tema, escribir excursos y dedicárselos a un viejo amigo sin obligación, encontrarme a mí mismo esperando en cada cruce, en cada playa, cada día y cada noche y saludarme con la mano.

Me motiva mi propio desánimo, querer abandonar en cada jornada, cenar caliente y olvidarme, que me traicionen y me hagan un regalo que, al abrirlo, sólo sea una caja vacía.

Me ha motivado repasar mi pasado en cada playa para reconciliarme con la memoria mis padres, pensarlos ayudándome a empujar mi bicicleta cuando mi fuerza se desvanecía y acordarme, gracias al dolor, de alguien a quien amé y de mí mismo años atrás, pasar dos días en ese lugar que todo el mundo habría evitado, ir allí para encontrar una respuesta y terminar tomando conciencia de que es solo como debo continuar, por mucho que me duela.

Me ha motivado saberme insignificante y vulnerable sobre el asfalto, sentirme extranjero en mi propia tierra y tener que empezar una relación desde cero casi cada día, silbar mientras consumo los primeros kilómetros de cada etapa gracias a Deni, aquella despedida inexorable y cálida de Stefani y el reencuentro inesperado con Santi; una sonrisa, un vaso de agua y alguien que quiso hacerse una foto conmigo. Me ha motivado aprender una lengua extraña, una charla con un viejo hippie y lograr sintonizar la misma onda.

Motivaciones y no retos, que nadie lo confunda, circunstancias de la vida que, kilómetro a kilómetro, he logrado colocar y conectar. Ahora, viejo y con achaques serios, doy un par de pasos atrás, entorno los ojos para analizar la escena y sonrío porque, al fin, estoy consiguiendo construir un cierto orden a partir del caos.

3 de julio de 2020

Texto original del 24 de agosto de 2019 en www.hechosdehoy.com
Gracias a Juan Carlos y Fco. Javier Melero Blanco.

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Publicado en diario iberica 2019

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