Like a virus in a lullaby
Like a virus in a lullaby
Libertad
Fugar, traspasar el límite, consiste en sustituir las posibilidades reales por las que el deseo imagina.
La libertad comienza cuando reconocemos la diferencia que existe entre deseo y posibilidad.
Pero la libertad tiene normas, son su condición de posibilidad; y reconocer su legislación no significa obedecer pasivamente cualquier norma, sino comprender las condiciones que hacen posible actuar. Por eso, la libertad legislada no es la de quien se somete a una voluntad ajena, es la de quien conoce las condiciones de su propia posibilidad.
El límite no sólo determina lo que no puedo hacer, es la condición para descubrir posibilidades reales y experimentar su valor.
Ejercer la libertad, por tanto, consiste en aprender a reconocer como posibilidades valiosas aquellas que nuestro deseo, cuando se vuelve totalizador, nos impide ver.
Fuera de los límites no existe la libertad.
Octubre de 2026
-- El viaje estético es la magia de arriesgarlo todo por algo que no entiende nadie excepto tú.
N.L.
La bicicleta es un aparato que me enseña el equilibrio.
No el equilibrio físico solamente, que se aprende con el manillar, el sillín, los pedales y la mirada al frente; sino el de la vida, el que me obliga a distribuir el peso para no cargar demasiado un lado y a confiar en que si me inclino demasiado, caigo; el equilibrio entre la fuerza y la ternura, entre la disciplina y el descanso, entre seguir adelante y saber parar.
La bici no juzga. Si te caes, te enseña a levantarte; si vas muy rápido, te enseña a frenar, y si llevas demasiado peso te enseña a soltar lastre.
No hay prisa ni destino, solo yo y mi camino, ella y ese punto justo donde todo se mantiene en pie.
Noviembre 2025
-- A todos nos sucede, hay una última vez que veremos a alguien y, normalmente, no somos conscientes de ello.
N.L.
No es una intuición romántica, más bien es antropología: antes que dioses hubo cuerpos, antes que dogmas, deseo, y antes que sentido estaba la atracción.
La religión ha intentado administrar el eros, el poder ha intentado domesticarlo y la moral ha intentado culpabilizarlo. Ninguno lo ha creado, todos llegan después, como capas de control sobre algo que ya estaba ahí, ardiendo.
Si miramos la historia sin el filtro teológico, vemos que el arte, la política, la guerra, la filosofía o la técnica nacen del deseo. Siempre es el mismo motor con distintos disfraces.
Platón lo sabía. El Banquete es un tratado sobre metafísica camuflado de cena erótica. Freud lo sabía: toda cultura es una gestión colectiva de la libido. Y también Bataille lo sabía: sin transgresión erótica no hay experiencia de lo sagrado. Yo lo formulo desde otro lugar: sin eros no hay recuerdo, ni obra, ni viaje, ni duelo que se transforme en algo vivo.
La religión promete trascendencia, el erotismo la produce; la religión habla del más allá, el erotismo nos saca de nosotros aquí y ahora.
Pero hay algo todavía más brutal: el erotismo no necesita creer en nada, funciona incluso cuando todo sentido se ha derrumbado. Cuando no hay Dios, ni proyecto, ni esperanza, ni explicación… el deseo sigue ahí, insistiendo como último resto de vida. Porque no depende de un sistema simbólico previo, sino que es anterior a cualquier sistema.
Cuando todo se rompe —la muerte, la pérdida, el vacío— lo que no se extingue es el eros. Cambia de forma, se vuelve memoria, mirada, escritura, pero sigue empujando. No me salva ni me consuela, no me explica nada; sólo me mantiene en movimiento. Eso, al final, es exactamente lo que ha hecho siempre con la humanidad, no darle sentido al mundo, sino impedir que se quede inmóvil.
-- Si puedo identificarlo puedo aislarlo, si puedo aislarlo puedo reproducirlo, si puedo reproducirlo puedo sustituirlo.
N.L.
Dejo que el mundo me atraviese. No busco los paisajes, no los planeo; estoy en marcha y, de pronto, algo se destaca: una sombra en la explanada, una ráfaga de aire fresco, un muro que parece susurrar. En ese instante me detengo, la llamada es clara y no puedo ignorarla. Algunas veces solo paso y me voy; otras, sin embargo, el eco se clava y me obliga a volver. Entonces habito el lugar, lo escucho, lo dejo invadir mi cuerpo y mi mirada y después comienzo a filmar, muchas veces sin saber por qué razón.
No todos los encuentros son iguales. Algunos me arropan, me hablan y se confirman; otros, fugaces, se desvanecen con la luz o el tiempo. Y otros espacios solo repiten patrones que ya conozco, que no aportan nada nuevo. Entonces reconozco que filmarlo sería coleccionismo, y a mí no me interesa acumular, yo no busco apropiarme de lo que encuentro.
Sé que inevitablemente establezco lazos con lo que miro, la emoción es inevitable y mi mirada, como artista, nunca es neutra; cada lugar que registro lleva mi sensibilidad impresa, lo convierto en parte de mí y procuro protegerlo no revelando su ubicación. Lo que hago no es robar, es abrirme, permitir que algo del mundo entre en mí y que mi presencia deje un eco también.
20 de marzo de 2026
-- La vida es más ancha que una pantalla.
C.A.
¿Hasta qué punto hemos convertido también la autenticidad en un producto?
El turismo industrial convierte el viaje en mercancía. Entonces podemos preguntarnos qué ocurre cuando la respuesta al turismo industrial consiste en comercializar aquello que el turismo industrial supuestamente destruyó: autenticidad, aventura, contacto con lo local, transformación, inmersión o experiencia.
Ahí aparece una paradoja bastante seria: la autenticidad puede convertirse en una mercancía precisamente cuando se intenta garantizarla.
Existe una distinción entre apropiación y exposición.
Una experiencia diseñada para que el cliente «tenga» una experiencia auténtica ya contiene una contradicción, porque la experiencia debe producirse dentro de unas condiciones previamente organizadas, durante un tiempo determinado, con un precio, un itinerario y unas expectativas. Parece más un experimento que una experiencia.
¿Qué están vendiendo exactamente cuando venden «experiencias transformadoras»?
28 de agosto de 2026
-- La Erótica comienza allí donde una relación deja de ser indiferente.
N.L.
Eû-télos remite a la sencillez, la frugalidad, la ausencia de lujo o de gasto innecesario. No es exactamente «pobreza» ni «renuncia», sino lo que cumple bien su fin sin exceso. Menos cosas, menos artificio, menos necesidad de acumular.
Euteleia no exige tener pocas cosas, sino no necesitar que el exceso de cosas constituya el sentido de la vida.
-- El artista hace la obra. Después, si tiene suerte, la obra le devuelve la mirada.
N.L.
-- La música no sólo refuerza e ilustra un contenido vertido en imágenes paralelas a la música, sino que abre la posibilidad de una impresión nueva, cualitativamente distinta, del mismo material. Si nos exponemos a la fuerza elemental de la música, provocada por un estribillo, estamos volviendo, con una experiencia emocional nueva, enriquecida, a los sentimientos ya vividos. En este caso, la introducción de un elemento musical modifica el colorido, a veces incluso la sustancia de esa vida fijada en un plano. Es más, la música puede introducir el material ciertas entonaciones líricas, que surgen de la experiencia del autor.
Andrei Tarkovski
-- Un encuentro puede cambiar aquello desde lo que comprendemos la vida hasta el punto de modificar también lo que entendemos por presencia, por amor y por pérdida.
Ella dejó de estar determinada para convertirse en infinita.
N.L.
Los artistas vivimos entre la necesidad de tocar y el deber de respetar, entre la seducción de lo desconocido y la conciencia de sus límites. Esa tensión, que es conciencia moral del deseo, es lo que da densidad a la mirada. Lo físico en mi trabajo no es materia, es metáfora del límite, de lo que me separa del otro y, al mismo tiempo, me une a él por el hilo invisible de la imaginación.
-- Soy viajero, siempre llevo la ropa sucia, pero tengo el alma limpia.
N.L.
Un libro cerrado es un viaje que aún no he hecho, un mapa plegado, una carretera sin asfaltar, un horizonte que aún no he recorrido. Lo compro por la promesa, por el «quizás», por la posibilidad de que, entre esas páginas, haya algo que me transforme.
Mayo 2026
-- Solo quien odia con todas sus fuerzas es capaz de amar con la misma intensidad.
C.A.
Yo no soy un viajero que hace arte, soy un artista viajero. La diferencia no es semántica, define el método, la intención y el resultado de todo lo que hago.
El arte no documenta el viaje, el arte es el viaje. Fotografiar o recoger objetos del arcén es, en sí mismo, gesto artístico. Viaje y arte no son dos momentos separados, son el mismo acto y se necesitan mutuamente.
Si cesara la práctica artística, el viaje perdería su función estructural, porque mi forma de habitar el mundo es artística. Yo no contemplo paisajes, construyo paisajes emocionales; no atravieso lugares, los integro en un sistema de significados que se expande con cada kilómetro.
El arte, de este modo, no es apéndice del viaje, es su condición de posibilidad.
8 octubre 2024
-- El anarquista cree que el orden va a aparecer de forma espontánea.
N.L.
La conexión con mi bicicleta trasciende lo meramente físico arraigándose en una dimensión filosófica donde el acto de pedalear se convierte en metáfora de un viaje existencial. La bicicleta, en su simplicidad, simboliza mi autonomía, y me recuerda que el movimiento hacia adelante depende en exclusiva de mi propio esfuerzo y voluntad. Cada giro de la rueda es una afirmación de la libertad inherente del individuo, una manifestación inexorable de la capacidad humana para trazar su propio destino en un mundo incierto.
Subido a mi bicicleta, entro en una comunión con el tiempo y el espacio que me rodea. La velocidad moderada y la ausencia de barreras mecánicas me permiten una percepción más pura y directa del entorno, convirtiendo el trayecto en un diálogo constante con el paisaje. En este sentido, la bicicleta se transforma en un símbolo de la búsqueda de equilibrio con la naturaleza, un recordatorio de la necesidad de armonizarme con el mundo en lugar de intentar dominarlo.
En Tetralogía liminal. 2025
-- Qué sencilla es la belleza verdadera, y qué fácil es que pase desapercibida.
N.L.
El campamento tiene una característica muy particular: se construye sabiendo que va a desaparecer, es, al mismo tiempo, hogar y ruina sin escombro.
Nada permanece, todo se transforma, pero aun así los seres construyen refugios, vínculos y formas de estar en el mundo.
Un colchón abandonado junto a una carretera puede parecer un objeto insignificante, pero contiene casi una cosmología entera.
El colchón que siempre aparece en las evacuaciones es revelador. Cuando una casa desaparece, o amenaza con desaparecer, la gente no siempre salva primero los objetos más valiosos económicamente, muchas veces salva aquello que materializa la posibilidad de seguir habitando el mundo. Un colchón es eso, no es sólo un objeto, es una promesa mínima de continuidad; si consigues llevarte el colchón, todavía puedes dormir, y si todavía puedes dormir, todavía puedes recomponer una vida.
Por eso aparece una y otra vez en fotografías de inundaciones, guerras, incendios o desahucios como un arquetipo visual.
Al señalar un lugar en la carretera y decir «allí dormí una vez» ocurre algo extraño. El campamento ya no existe, de él no queda nada, ni la tienda, ni la cena, ni la noche, ni la conversación, ni el sueño. Sin embargo, para mí, ese lugar sigue siendo un hogar fósil, como las ruinas de una ciudad antigua. Donde alguien ve una cuneta, un descampado, un pinar o una curva cualquiera, yo veo una habitación.
Normalmente entendemos las ruinas como restos materiales de algo que existió, pero los campamentos funcionan al revés. No dejan restos, la ruina es mental, memoria. Quizá por eso tienen algo tan conmovedor. Una casa abandonada conserva paredes, pero un campamento desaparece por completo al amanecer. Es una arquitectura que se destruye voluntariamente todos los días y, aun así, años después, sigo reconociendo esos lugares. Es coexistencia entre permanencia y cambio.
El campamento es efímero en términos materiales, pero puede ser extraordinariamente duradero en términos afectivos. Duró una noche, pero permanece veinte años.
Tal vez ahí esté una de las razones por las que los colchones son, en mi caso, objeto artístico, porque contienen simultáneamente refugio, intimidad, vulnerabilidad, nacimiento, enfermedad, deseo, muerte, memoria y desplazamiento. No son simplemente objetos del descanso, son dispositivos para habitar la incertidumbre, y eso describe bastante bien lo que es vivir en la carretera durante años. No conquistar el espacio ni atravesarlo, sino aprender a construir hogares provisionales dentro de algo que nunca deja de moverse.
Junio de 2019
-- Salir con las alforjas vacías para llenarlas durante el viaje.
N.L.
Viajar
Existe una continuidad muy fuerte desde Sócrates hasta Nietzsche. La sospecha de que un pensamiento que no afecta de algún modo a quien piensa corre el riesgo de convertirse simplemente en discurso sobre pensamientos ajenos. Ahí cambia completamente de dimensión.
«Un viaje que no afecta de algún modo a quien viaja corre el riesgo de convertirse simplemente en discurso sobre viajes ajenos» es casi una definición de lo que llevo años intentando separar del turismo, y conecta directamente con la idea de viajar como transformación, disponibilidad y experiencia del «entre».
Hay una segunda vuelta todavía más interesante: «Un viaje que no transforma la mirada de quien viaja corre el riesgo de convertirse simplemente en desplazamiento.»
Ahí Anarjé, el viaje y la filosofía empiezan a tocarse de verdad, porque en los tres casos importa lo que ocurre con quien se pone en relación y permanece disponible.
Agosto de 2026
-- Nuestra vida es la confusa respuesta a preguntas que hemos olvidado dónde fueron planteadas.
Peter Sloterdijk
«Este "una vez" es lo fortuito, esa cosa maravillosa que nos ocurre cuando es para bien o terrible cuando es para mal. Aquello que es una sola vez, un cruce de dos casualidades, cada una de las cuales tiene su propia trayectoria y, sin embargo, su encuentro era improbable y no se repite»
(En el margen he escrito «¡CRIS!»)
Por una vez, la filosofía ha encontrado su lugar exacto: no delante de la vida, explicándole qué significa, sino junto a ella, ayudándome a reconocer lo que tengo delante.
28 octubre 2026
-- La autonomía del mundo no significa que mi obra pueda prescindir de mi mirada como artista; esa mirada no es el origen ni la medida de cuanto existe.
N.L.