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27 de agosto de 2015

Le había contado a mi madre que un día tendría que correr la última aventura de mi vida, que tendría que escalar cumbres envueltas en misterio y que encontraría la flor de nieve al lado de alguna roca esperándome, que sólo entonces podría considerarme el hombre más pleno del mundo.

Mi amigo respondió que no era necesario, que estaban mucho más cerca. También me prometió que un día me llevaría a verlas.

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Publicado en agosto 2015

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