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19.10.2016

Yo había escrito esto antes, lo recuerdo con toda suerte de detalles: los colores y su olor a mar y a pez, el calor debajo de los chubasqueros, el sudor mezclándose con el salitre y el chirimiri, vaya cóctel. Los pelos pegados a la cara y aquella risa de porque sí…

De esos ecos extraigo un montón de imágenes brutalmente desenfocadas por la memoria: cerramos la puerta con el cristal empañado, las manos nos ardían empapadas y frías. Me dio mal rollo tocarla y se percató cuando intenté esconderme en lo más imprevisible de un movimiento.

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No, no es sólo “tiempo congelado”, es también esa condición que lo predetermina, el nutriente, el oxígeno y sus contrario a un mismo tiempo que te llevan a mantenerlo más o menos vivo; es conseguir que tu propia basura resulte nutritiva, un problema y un desafío.

Año y medio después ambos convinimos dejar correr las cosas de forma natural. Cómo iba a ser todo desde ese momento me asaltó los pensamientos y esta vez negué la estrategia improvisada, le estreché la mano y nos despedimos para siempre por segunda vez.

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Publicado en Notas

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