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Revolución

Vivimos una época de equivalencia, abundancia y abandono. Por pereza intelectual, como si fuéramos niños nos trazan la forma de pensar, hablar y actuar. Anulada toda alternativa, formamos parte de algo con principio y final.

La Revolución hoy es sólo simulación, el disfraz de quienes necesitan significación. La Revolución debe volver a ser intelectual e individual, urge poner en valor un camino de sacrificio hacia el cultivo de un criterio renovador apoyado en las patas de la cultura y no del embrutecimiento del lema. La Revolución no se diseña ni nace del cambio de significado de las palabras, no son banderas ni colores ni equipos ni tribus. La Revolución es aprender a ver y pensar, educarse como ser humano en el libre pensamiento para ser capaz de enfrentarse a las ideologías y recuperar lo que nos es usurpado: la posibilidad de confrontar.

Yo no pertenezco a ningún grupo, equipo o tribu. Elegí ir solo para no someterme a ningún principio moral que no haya sido formulado por mí, sólo obedezco a mi propia disciplina y no reconozco líder que me dicte cómo pensar, cómo hablar ni cómo actuar, no necesito identidad de grupo, de rebaño, de familia ni de secta, sea del color y la forma que sea, predique lo que predique y defienda lo que defienda. No celebro ceremonias, no tengo hermanos, colegas ni primos, no acepto uniformes ni símbolos en los que no crea. Así que no me iguales, no me juntes ni te juntes, no me incluyas en ninguna lista porque no respondo ni me comprometo a lo que no me dé la gana o con quien yo decida.

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Publicado en Notas

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