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MGTOW

“Una vez que una mujer te da la espalda, olvídala: te aman y de repente algo se da la vuelta. Te pueden ver muriéndote en una cuneta, atropellado por un coche y pasarán a tu lado escupiéndote.”

Charles Bukowski

 

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Monegros pueblo a pueblo / Alcubierre
Otoño de 2019

Sí, llego tarde, el día de los enamorados pasó ya. El año pasado ya hice la tontería de publicar una declaración de amor hacia mi bicicleta. Fue un chiste, porque una bicicleta no es una persona, no siente por mucho que me empeñe en pensar que sí lo hace, y no lo expresa aunque escriba mil conversaciones con ella que yo sé que no es otra cosa que el continuo diálogo que mantengo conmigo mismo cuando estoy en mi mundo, que es casi siempre. Sé que no me escucha, no oigo su voz y tampoco me mira con ese enorme ojo redondo que tiene en lo más alto. Como mucho, ese montón de tubos de acero oxidado aguanta mi peso sin romperse, y esto es pura física, una suma sencilla de diseño, ingeniería elemental y oficio muy bien hecho.

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Ibérica 2019
¿Y después qué?
Julio de 2019

Pero mi sentimiento hacia ella es tan real que lo puedo demostrar: llevo desde los ocho años subido a una bicicleta, peleando contra cualquiera y contra el cronómetro, guardo seis de ellas en casa, cada una con su historia y alguna de ellas muy intensa; llevo dos años, solamente dos, íntimamente unido a ésta, y confieso que soy incapaz de separarme de ella. Me dolería, porque no concibo mi vida sin estar subido a ese sillín, pedaleando, sufriendo lo que no está escrito y disfrutando mucho más de lo que escribo, aprendiendo, conociendo y relacionándome con todo lo que me rodea gracias a ella y sólo a ella. Ella, y lo que me proporciona, es la única razón que me mantiene interesado por la vida, por la mia. Ninguna otra cosa, animal o persona me ha enseñado la certeza de qué es la libertad, lo único que me importa, y vivirla es el asunto de la única pregunta existencial que me hago. Ella, al contrario que los libros que leo, no me lo cuenta, sino que realmente me abre la puerta —y de puertas sé un rato— para verla, tocarla, olerla, escucharla y saborearla; porque la libertad hay que vivirla, no pensarla ni anhelarla, no hay que soñarla, ni teorizarla, ni reclamarla ni buscarla, hay que utilizarla. Hace una vida lo descubrí, con ello me eduqué y ahora que ya he cumplido medio siglo de vida estoy tan seguro de ello que no sé vivir con otro principio.

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Ibérica 2018
Paseando a una mascota.
Camino de Santiago, junio de 2018

No me importa en absoluto donde vaya, ya no me importan los kilómetros que sumo ni los lugares a los que llego ni el tiempo que me ocupa. Me importa ir, sólo ir, y sobre ella voy, y donde la aparco se convierte en mi hogar por una especie de magia que me limpia de todos los apegos menos de uno, relativiza mis sentimientos excepto uno, disuelve casi todos mis miedos y elimina el cien por cien de mis cabreos.

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Ibérica 2018
El misterio del campo gallego cerca de Sarria.
Lugo, abril de 2018

Yo, el que cree que el amor es una patraña, una droga que te vuelve imbécil y anula la objetividad en la percepción del mundo, me declaro enamorado de mi bicicleta. Es así porque soy un ser de personalidad adictiva y mi vida está sometida en exclusiva a la experimentación de mis pasiones, porque soy adicto al deambuleo en mi bicicleta y no en otra, en la máquina que no tiene nombre porque no sustituye a nadie, que no he dotado de sexo porque no siento la necesidad de una pareja y que no es metáfora ni representa nada ni a nadie. Es un objeto sin el cual no puedo vivir y por eso la cuido, la mimo y la protejo, por eso le doy todo lo que tengo como si fuera una persona … pero sin serlo.

Así que sí, y me da igual a lo que suene, te quiero, ratona.

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  1. Foto de cabecera: “Wild!” Atardecer de otoño en Robres. Otoño de 2019
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Publicado en Notas

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